dulcemama:

image
image
image
image

(vía urbanxdivinity)

buitresenlaciudad:

Hombres blancos que apoyan al EZLN

image

No le creas al hombre –sobre todo al hombre y a algunas mujeres que se subordinan a este–, que habla de otros. Me refiero al hombre, adulto, blanco o mestizo; sobre todo al hombre con poder, privilegiado; al que no tiene que cuidarse de que le agarren las nalgas si va en el metro, o ese al que no le pasa por la cabeza que lo desprecien en un restaurante por su color de piel. No le creas, sobre todo, al hombre blanco o mestizo que escribe de otros. No le creas a ese que escribe porque intenta hacer que otros piensen como él, sobre los que no son como él y por lo cuales no podría tener ninguna compasión. No le creas, porque está mintiéndote.

No le creas cuando habla de indígenas. Se dirá muy solidario, se llamará a sí mismo “indigenista” y hasta celebrará en twitter cada comunicado del EZLN. La realidad es que sabe nada sobre lo que significa nacer en la cuna originaria. Cargar con el estigma de la esclavitud, el desbalance de poder, el racismo, no entenderá de eso. No entenderá de comunidad o de los días sin tiempo. Sabrá de pobreza, pero no de marginación. Tendrá mucho barrio, acaso, pero si ha sido víctima del sistema también ha sido victimario. Se dirá proletario, pero no sabe romper la cadena del consumo. No le creas, tampoco, a ese luchador social que tiene la habilidad circense de hacer que todos los asuntos se traten de su propia causa; el egolatra que convierte otras luchas en temas sobre sí mismo. Que lleva a Marx como una receta para cualquiera.

Te hablará de los indígenas con términos románticos y hasta admirará la prosa del subcomandante Marcos (y seguramente también sus practicas lascivas). Se colgará pulseras, playeras. Querrá ser como ellos, pero no lo es. Sus inercias culturales son distintas. No atravesó el mismo umbral  educativo cuando tenía la edad de la abstracción. Simplemente es otro; es ajeno, un ente extraño que intenta hablar por los que no son como él, repitiendo el mismo patrón de sus predecesores, los que colonizaron a esos pueblos. Y opinará porque sus privilegios se lo permiten. Está mintiendo.

Nadie puede hablar por los indígenas, los “sin voz”. Mucho menos existe quien pueda ser vocero de la generalidad de pueblos originarios que hay en este país, o de un Estado en particular, como Chiapas. El hombre blanco o mestizo que va y arropa con una ideología los milenos de cosmovisión, está equivocado. Es una nueva colonización. La sustitución del pensamiento y, estrictamente dicho, el desprecio por el pensamiento que ahí se construyó. No hay una sola forma de ser indígena. No hay mestizo o blanco que tenga el monopolio. No hay quien pueda decir “los indígenas necesitan esto o lo otro”, ya sea presidente o subcomandante.

Yo desconfío, más que todo, del hombre blanco que apoya al hombre blanco que, dice, habla por los indígenas. Como desconfío del hombre que pide hablar por los afros, por las mujeres, por la comunidad LGBTI, o por cualquier grupo históricamente segregado. No hay manera que el hombre privilegiado  sepa en carne propia lo que se siente la violencia estructural, esa que llaga, que deja marcas desde el nacimiento, desde las primeras palabras que van anidándose en el subconsciente del niño y la niña que todo lo absorbe: “¡Indio¡”, “¡negra!”, “¡vieja tenías que ser!” y cuando esas palabras golpean a la madre, al padre, sobre quienes se depositan los afectos más entrañables y que dan forma al ser.

¿Cómo podría el hombre blanco o mestizo con todos sus privilegios caber en un grupo marginado por sus iguales? ¿Cómo podría alguien hablar por estos grupos? Si acaso existe el hombre blanco o mestizo que sienta tal solidaridad con estos, al punto de entregar sus fuerzas a su causa y sabiendo que la historia le ha favorecido tanto a él como a sus ancestros, no puede sino estar con estos bajo dos condiciones: callándose y renunciando a sus privilegios. Hacerse otro y tejiéndose por dentro en el hilo de las circunstancias, sin color distinto. Y no haciéndose el subdirector, subdirigente o subcomandante, como para que los incrédulos piensen que está por debajo de los otros. Pero qué casualidad que sigue siendo el hombre blanco y mestizo el que sigue cosechando los réditos de la fama, montándose en la fuerza de estos grupos para emerger en periódicos o camisetas, escribiendo libros a cuatro manos, convirtiéndose de nuevo en aquel colonizador. Es fácil ir a liderar a los oprimidos por nuestra especie. No le creas a alguien así de hipócrita.

Y no le creas al iluso que lo defiende. No me creas a mi, en todo caso. Tu papel, si eres como yo: un hombre blanco o mestizo y privilegiado, es de-construir nuestra propia historia y entender los orígenes y destinos de la violencia que engendramos. Pelear nuestras causas, intentar avanzar y, si las cosas salen bien, juntarnos con esos otros a ver si se logra un frente común. Pero no ir a hacerle el papel de vocero a otros, negándonos, al mismo tiempo, a cuestionarnos, a de-construirnos, a re-aprendernos como lo que somos y hemos sido, a reflexionar nuestra historia. Liderar a los propios, a las propias, en beneficio de los otros, de las otras. De tal modo que no hay afros dirigendo a los indígenas, ni indígenas liderando a las mujeres, ni nadie más que mujeres liderándose. Más el hombre privilegiado es el único que se cree capaz de hablar por todos, por supuesto, sin renunciar a sí mismo.

permeate:

“Your pussy feat. my tongue and fingers”

(vía alexxx-503)

one-boy-one-person:

image

(vía beyoutifunk)

©